Robo célebre que cambió la ley británica
Por Isabel Niño
El pasado 21 de agosto se conmemoraron dos aniversarios: el centenario del robo de la Mona Lisa en 1911, considerado el más famoso de la historia de una obra de arte (comentado en la tertulia de TV2 en la que participamos), y el quincuagésimo aniversario del robo más famoso de la historia británica.
Con este último nos referimos al robo en 1961 del Retrato del Duque de Wellington de Goya de la National Gallery de Londres.
Dicho robo fue planeado y ejecutado por Kempton Bunton, un tierno abuelo de 115 kilos con un asombroso parecido a Alfred Hitchcock. Al parecer el motivo de convertirse en ladrón de arte se debía a que no estaba de acuerdo que el gobierno británico gastara una fortuna en la conservación de una pintura antigua y, sin embargo, los ciudadanos tuvieran que pagar por ver la televisión (En Reino Unido un impuesto anual grava el consumo televisivo).
Con esta motivación ideológica y tras una serie de notas de rescate dirigidas a la policía de Londres, Bunton prometía el retorno seguro de la pintura a cambio de licencias gratuitas de televisión para los jubilados británicos por valor equivalente a la pintura (140.000 libras).
El 19 de julio de 1965, Bunton entró en una comisaría de policía para entregarse. Al comprobar la policía sus antecedentes delictivos vieron con sorpresa que solamente había sido multado en dos ocasiones por negarse a pagar su licencia de televisión.
Bunton fue juzgado y declarado no culpable, ya que el juez se acogió a una anticuada cláusula que estipulaba que Bunton siempre había albergado la intención de devolver la pintura, hecho que así fue. Sin embargo, fue castigado con suavidad con tres meses de prisión por el hecho de haber robado el marco de la pintura, que nunca fue restituido.
Este disparatado robo, sin embargo, hizo mella en la legislación del Reino Unido puesto que en 1968 el Parlamento incluyó en la nueva Theft Act (ley sobre el robo) una cláusula que declaró ilegal “hurtar sin autorización cualquier objeto que se muestre o se conserve para su exhibición pública en un edificio al que tenga acceso el público”, convirtiendo el “préstamo” de Bunton en un delito penal.
Y para quien le apasionen los robos, recomendar las novelas de Noah Charney “El Ladrón de Arte” (Seix Barral) y “Los Ladrones del Cordero Místico” (Ariel).
RECEPTACIÓN
Por Isabel Niño
Ernesto, tras romper el candado de la verja de un domicilio de La Moraleja logró entrar al mismo donde se apoderó de varias obras de arte, cuyo importe total se valoró en 270.000,00 euros.
Dos días después Ernesto vendió a Manuel, marchante de arte, tres piezas por el precio de 10.000,00 euros. Manuel sabía perfectamente de la procedencia ilícita de las obras puesto que conocía bien a Ernesto y su “proceder” profesional.
Manuel, a su vez, vendió las tres piezas a un incauto coleccionista por el precio de 150.000,00 euros.
Así pues, podemos afirmar que Manuel cometió un delito de receptación puesto que, sin cometer él el delito de robo (que lo cometió exclusivamente Ernesto) sabe que las piezas son robadas y, aún así, las revende al coleccionista para lucrarse.
Por lo que el acento del delito reside en no cometer el delito de robo, conocer, eso sí, el origen ilícito de las obras y aprovecharse patrimonialmente; aunque, ojo, porque el ánimo de lucro no siempre se concretará en una ganancia patrimonial sino que también sería receptación, por ejemplo, el adquirir una obra de arte robada con el solo fin de disfrutar con su posesión.
Y hasta aquí hemos llegado…Feliz verano a todos los lectores y, muy especialmente, a nuestros suscriptores. Que disfrutéis de muchas obras de arte y que no os den gato por liebre. Hasta la vuelta.