Los tres coleccionistas, los sabios y los malvados
Por Beatriz Niño
Había una vez un culto coleccionista que decidió hacer caso de los consejos que los sabios del lugar le propusieron e inscribió las obras de arte que había atesorado durante años en el Inventario General de Bienes Muebles. Los sabios le dijeron qué tenía que declarar y que no y cómo lo tenía que hacer para que los malvados (léase, Hacienda) no pudieran quedarse con parte de su fortuna. El resultado fue que cuando murió, sus hijos, aparte de llorar enormemente su pérdida, pudieron continuar disfrutando de las obras de arte de su padre al tener que pagar sólo un 5% de la fortuna artística a los malvados.
Había una vez otro coleccionista que decidió, también asesorado por los sabios del lugar y puesto que le gustaba mucho poder compartir su arte con sus vecinos, ceder parte de su colección artística por más de tres años a un museo de la villa para que todo el mundo pudiera admirar los enormes lienzos que había ido comprando con los años. El resultado fue el mismo que con el culto coleccionista: sus herederos sólo tuvieron que liquidar el 5% de la fortuna artística a los malvados y todo el mundo pudo continuar disfrutando de las obras.
Pero había un tercer rácano y ávaro coleccionista que desoyó a los sabios del lugar, a los que ni siquiera quería escuchar, y sobre los que pensaba que daban consejos demasiado caros que no merecían ser oídos, que no hizo nada con sus obras de arte aparte de que se llenaran de polvo con los años. Al morir sus hijos tuvieron que pagar enormes cantidades a los malvados hasta el punto que necesitaron vender parte de las obras de arte de su padre para poder sufragar todos los gastos.
Moraleja: sé más sabio que los sabios y escucha a éstos últimos para evitar pagar a los malvados.
Nota: Fijaros bien en la foto. Es un mural del artista Lewis Lavoie. Si entráis en el link veréis a través del video de youtube cómo lo hizo. Una maravilla. Y es que no todo es lo que parece!!.