Archive for the ‘Coleccionistas’ Category
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Por Beatriz Niño
Había una vez un culto coleccionista que decidió hacer caso de los consejos que los sabios del lugar le propusieron e inscribió las obras de arte que había atesorado durante años en el Inventario General de Bienes Muebles. Los sabios le dijeron qué tenía que declarar y que no y cómo lo tenía que hacer para que los malvados (léase, Hacienda) no pudieran quedarse con parte de su fortuna. El resultado fue que cuando murió, sus hijos, aparte de llorar enormemente su pérdida, pudieron continuar disfrutando de las obras de arte de su padre al tener que pagar sólo un 5% de la fortuna artística a los malvados.
Había una vez otro coleccionista que decidió, también asesorado por los sabios del lugar y puesto que le gustaba mucho poder compartir su arte con sus vecinos, ceder parte de su colección artística por más de tres años a un museo de la villa para que todo el mundo pudiera admirar los enormes lienzos que había ido comprando con los años. El resultado fue el mismo que con el culto coleccionista: sus herederos sólo tuvieron que liquidar el 5% de la fortuna artística a los malvados y todo el mundo pudo continuar disfrutando de las obras.
Pero había un tercer rácano y ávaro coleccionista que desoyó a los sabios del lugar, a los que ni siquiera quería escuchar, y sobre los que pensaba que daban consejos demasiado caros que no merecían ser oídos, que no hizo nada con sus obras de arte aparte de que se llenaran de polvo con los años. Al morir sus hijos tuvieron que pagar enormes cantidades a los malvados hasta el punto que necesitaron vender parte de las obras de arte de su padre para poder sufragar todos los gastos.
Moraleja: sé más sabio que los sabios y escucha a éstos últimos para evitar pagar a los malvados.
Nota: Fijaros bien en la foto. Es un mural del artista Lewis Lavoie. Si entráis en el link veréis a través del video de youtube cómo lo hizo. Una maravilla. Y es que no todo es lo que parece!!.
Por Beatriz Niño

Me llamo Juliette y soy una fervorosa apasionada del arte. Como dijo Marcel Duchcamp “el arte es la idea”. Me encanta asistir a galerías, ir a museos y adquirir piezas de arte en subastas. Con los años he conseguido una colección que, aunque no es muy homogénea, a mi me entusiasma. Además, detrás de cada obra hay una historia.
Sin embargo, la última adquisición me ha provocado un verdadero quebradero de cabeza. Le había tirado el ojo a una obra estupenda de Salvador Dalí: un dibujo a dos tintas de un caballero con lanza. Nada más verla expuesta en los días previos a la subasta me dejó prendada. Precio de salida: 30.000 euros. Precio de martillo: 48.000 euros. Todo y que otro licitador se puso un poco duro, finalmente me la adjudiqué.
Una vez con la obra en mi poder fui a la Fundación Gala Dalí a solicitar una valoración y la respuesta fue tajante: esta obra es falsa. Era la primera vez que me pasaba una cosa así. 48.000 euros tirados a la basura. Evidentemente, lo primero que hice fue volver a la casa de subastas y poner el grito en el cielo. Sus respuestas fueron del todo evasivas: que si hablarían con su cliente anterior propietario de la obra, que si la obra estaba perfectamente documentada… ¿Podían sacárseme de encima tan alegremente?. Informándome sobre el tema descubrí que según la Ley de Ordenación del Comercio Minorista y la Ley General de Defensa de Consumidores y Usuarios las casas de subastas son responsables, juntamente con los propietarios de los bienes, en este tipo de asuntos.