Archive for Septiembre, 2009
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Por Beatriz Niño
Las personas tenemos, por lo general, un sentido de la propiedad muy arraigado. Desde bien pequeños que aprendemos rápidamente a decir “esto es mío”. La mayoría de las cosas que vamos adquiriendo a lo largo de nuestra vida son de uso diario y cuando realmente hacemos una transacción importante, que nos supone un dispendio económico para nuestro bolsillo (p.e. la compra de una vivienda) ya vamos mentalizados de que algún “papel” nos tienen que dar a cambio.Pero, ¿qué pasa cuándo adquirimos una obra de arte?. Lo normal sería tener también algún “papel” (factura, recibo o similar) que acredite la compra . Esto es lo que pasa si adquirimos la obra en una galería de arte o a través de una casa de subastas y es importante guardar esta documentación como prueba futura, nunca se sabe que nos deparará el destino.
Pero ¿y aquéllas obras de arte que hemos visto siempre colgadas en el salón de casa?. Según nuestro Derecho, para los bienes muebles -es decir y para explicarlo de forma simplista: todos aquéllos que podamos mover de un sitio a otro- rige la presunción de la posesión: si lo poseo es que es mío.
Claro, que no es así de fácil: hay excepciones y acciones legales para evitar que quien ha sustraído algo se lo pueda quedar por el simple hecho de poseerlo pero entonces yo tendré que demostrar la propiedad y aquí podré utilizar cualquier prueba al efecto: facturas, recibos, reseña de la obra en exposiciones, en catálogos, en prensa, fotos tomadas dentro de mi vivienda, declaraciones de patrimonio de años anteriores, etc.
Por Isabel Niño

Cuadros del Museo del Prado
El mundo global es ya nuestra realidad, es como un gran crucigrama cultural. El mundo se va quedando cada vez más pequeño y eso nos facilita saber qué ocurre a nuestro alrededor. Así, la forma en que nos informamos sobre la cultura, sus manifestaciones y cómo las comprendemos hoy distan mucho de hace tan solo unos años.
De esta forma lo entienden Amanda Renshaw, directora editorial de Phaidon y coordinadora del monumental libro 30.000 años de arte. La historia de la creatividad, y Julian Bell, escritor, pintor y autor de El espejo del mundo (Paidós). Libros que reescriben la historia del arte no sólo desde la perspectiva de la zona euro sino teniendo en cuenta el desarrollo artístico en todo el mundo.
Estos autores, a través de su juicio y gusto en seleccionar sus obras preferidas, han convertido sus libros en verdaderos museos imaginarios pero, propiedad intelectual a parte, sin la burocracia y requisitos propios de los museos.
En cualquier caso, desde mi punto de vista, la mejor manera de acercarse y comprender el arte, provenga geográficamente de donde provenga, es simplemente mirar ya sea desde un museo real, imaginario o virtual.
Por Beatriz Niño
Una de las actividades que hicimos este verano en familia fue visitar el Castillo de San Ferran en Figueras (en el Alt Empordà de Cataluña). Se trata de una visita guiada al castillo que incluye un recorrido con vehículos todo terreno por el foso, visita de las galerías subterráneas (con casco con luz incorporada) y navegación a bordo de una embarcación zodiac por una de las cuatro grandes cisternas de la fortaleza.

Suena tan bien como es. Además, el guía que nos tocó -gran amante de la historia y del arte- se notaba que vivía por y para su trabajo (¡no hay como trabajar en algo que te gusta!).
Para quienes no lo sepan, el Castillo de San Ferran es posiblemente la fortaleza más grande de Europa y fue proyectada por el comandante general del cuerpo de ingenieros Don Juan Martín Zermeño (personaje con ideas muy avanzadas para la época) bajo el reinado de Fernando VI (1756) y podía albergar hasta 6.000 hombres y 500 caballos (las caballerizas también vale la pena visitarlas).
El castillo fue declarado bien de interés cultural (BIC) en el año 1949 con todas las obligaciones, prohibiciones y cargas legales que ello implica. Los BIC pueden ser inmuebles (como el Castillo de San Ferran) o muebles (como pinturas o esculturas de determinados artistas). ¿Sabíais que si soy propietario de una obra de arte declarada BIC tengo la obligación de conservarla y restaurarla así como permitir y facilitar la visita pública?.
Casualmente, en Figueras se celebra este año el III Congreso de la Abogacía Catalana y la del castillo es una de las visitas programadas.
Por Isabel Niño
Leí a mediados de agosto que la Guardia Civil había recuperado varios mapas y tratados cartográficos de los siglos XVI y XVII de gran valor histórico sustraídos en varias bibliotecas españolas. El modus operandi del detenido consistía en mutilar las hojas de los libros utilizando para ello cuters que camuflaba entre sus objetos personales. Y, posteriormente, sacaba los documentos de las bibliotecas en dobles fondos artesanales que él mismo confeccionaba.
Resultaría iluso e incluso de toque romántico pensar que ese ladrón robaba los valiosos documentos para su estudio y deleite personal.
Ante tal evidencia clara de que en el mundo del arte la delincuencia se mueve por suculentas sumas de dinero deberíamos reflexionar sobre la conveniencia de poner a salvo nuestra obra de arte o si más no su valor.
Una buena forma de proteger una obra en un domicilio particular sería tener una puerta blindada y una alarma conectada a central. Sin embargo, como de una cosa sí estoy convencida es que nunca se debe subestimar al ladrón que a media noche entra en nuestra casa para llevarse ese maravilloso cuadro colgado en el salón, mejor contar con asegurar el valor de la obra mediante una póliza de seguro.